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A 50 años de la muerte del tanguero Julio Sosa

Se cumplió el miércoles 26 de noviembre medio siglo del fallecimiento de Julio Sosa, notable cantor uruguayo. Fue una noche negra del 64, cuando chocó su auto. Era un cantor tan popular que debieron velarlo en el Luna Park.

Algunas crónicas dijeron que el accidente ocurrió porque estaba borracho. Pero quienes estuvieron con él esa noche lo desmienten. “A lo sumo había tomado un par de copas de cogñac”, cuentan. Lo que sí confirman es que estaba alterado, de mal humor. Y que su conocida pasión por la velocidad y su poca habilidad para manejar le jugaron en contra.

Lo cierto es que aquella madrugada, Julio Sosa, uno de los máximos ídolos de la historia del tango, se estrelló con su auto contra el pilar de hormigón de un semáforo y murió pocas horas después. Fue el 26 de noviembre de 1964 en Mariscal Castilla y Figueroa Alcorta, en Palermo. Pasado mañana se cumplen 50 años.

Para entonces, ese hombre que había llegado desde Uruguay en junio de 1949, ya era una figura. Lo había logrado en apenas una década y media, movilizando multitudes que lo seguían en cada actuación. Tanto que alguna vez en un club, la gente que pugnaba por entrar hizo caer un paredón. “La atracción era él”, contó el maestro Leopoldo Federico quien, con su orquesta, lo acompañó desde diciembre de 1960 hasta el final de su vida.

Ocho días antes del accidente, Sosa había grabado en el sello CBS Columbia sus dos últimos temas: Siga el corso (un clásico de Aieta y García Jiménez) y Milonga del 900 (De Piana y Manzi), siempre con Federico y su orquesta. Pero el último tango que cantó fue “La Gayola”. Toda su vida sentimental y afectiva siempre fue difícil. Su primer matrimonio, en Uruguay, fue cuando tenía 16 años. La mujer se llamaba Aída Acosta y para casarse Julio hizo mil piruetas porque vivía en la pobreza.

Para juntar dinero, entre otras cosas hasta organizó la rifa de una oveja. Terminó mal por un fuerte desengaño. Su segundo matrimonio también fue breve. Con Nora Ulfeldt estuvieron juntos dos años. Con ella, gestaron a Ana María, su única hija. Después, en 1959, se casó con Susana Merighi. Esa relación empezó a enfriarse cuando conoció a Marta Quintana, por ese tiempo una cantante de figura escultural. Ella estuvo con él la última noche.

Un testigo del accidente dice que Sosa iba por Figueroa Alcorta a alta velocidad y que, al querer esquivar un camión con combustible, lo rozó y dio de frente contra el pilar de hormigón que para proteger al semáforo, estaba en medio de la avenida, entonces de doble mano. Primero lo llevaron al Hospital Fernández y después al sanatorio Anchorena, donde murió a las 9,30 de la mañana. No era su primer accidente con un auto. También había chocado con otros dos autos anteriores.

Primero lo velaron en el Salón La Argentina, pero era tanta la gente que iba a despedirlo que Hugo del Carril habló con Tito Lectoure y lo llevaron al Luna Park. El día del entierro, y bajo la lluvia, una multitud (hablan de 200 mil personas) camino desde Corrientes y Bouchard hasta el cementerio de Chacarita. Su figura fue tan popular que aún después de su muerte Julio Sosa siguió vendiendo unos 150.000 discos por año.

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