spot_img

“2012”, el otro fin del mundo

El estreno de “2012”, del especialista en catástrofe Roland Emmerich, reinstala el tema sobre el fin del mundo, culpando ahora al cambio climático. Con las nuevas tecnologías digitales, el filme que llega a los cines argentinos este jueves 3 de diciembre, dirigido por el creador del “Día de la independencia”.


El mundo del alemán Roland Emmerich se mueve entre el “Día de la independencia”, “Godzilla”, “El día después de mañana”, catástrofes filmadas cada vez mayor precisión y ciudades destruidas. Después de aquel filme de 1996, las ciudades deshechas comenzaron a formar parte del paisaje, al punto de que se puede establecer una estadística de las que mayor cantidad de veces quedaron reducidas a polvo.

Nueva York es víctima favorita, porque el fin del mundo tiene la costumbre de ensañarse primero con Manhattan. El segundo puesto es controvertido: ¿Tokio, París o Los Ángeles? El Empire State, el Puente de Brooklyn o las construcciones monumentales, como la Torre Eiffel o la Estatua de la Libertad.

Hoy el gran enemigo es el cambio climático. En 2012, un incremento en la temperatura del núcleo de la Tierra por un bombardeo de neutrinos hace que venga el fin del mundo, y los gobiernos del G-8 deciden salvar a 400 mil personas estratégicamente elegidas.
Pero el gran atractivo de esta fábula que tiene mucho para ser discutida políticamente es que destruye todo el mundo. Se vienen abajo las tradicionales ciudades con destino de escombro como Los Ángeles y París, pero también –en una secuencia deliciosamente atea– el Vaticano y el Cristo Redentor de Río de Janeiro.

En 2012, John Cusack es Jackson Curtis, un escritor que se obsesiona tanto con su trabajo que pierde a su mujer y a sus hijos en un divorcio. Según contó en la conferencia de prensa de lanzamiento de filme, el perfil de este personaje le hizo aceptar el desafío. “El guión era buenísimo, y me eligió a mí. Realmente estaba bien escrito y con giros sorprendentes. No me parece una película de cine catástrofe. Y parte del atractivo era intentar algo nuevo para mí”.

Según Cusack, 2012 también puede ser vista como una historia sobre emociones humanas básicas: el amor, la redención, el deseo de sobrevivir y proteger a la familia. “Uno se engancha en el drama familiar. Roland (Emmerich) quería contar esa historia con tanto detalle como el resto de las cosas asombrosas que ocurren, porque cuando el mundo se enfrente al peor desastre, el instinto de mi pesonaje es salvar a su familia”.

Cuando le preguntaron: ¿Se acabará el mundo en 2012? Contestó: “No. Pero quizá se produzca un cambio en las conciencias para evitar que se acabe el mundo. Hay mucha gente obsesionada con las profecías mayas, mucha fascinación con el tema. A mí me pasó algo parecido cuando leí por primera vez sobre Nostradamus, no importa si uno cree o descree”.

Artículos de la misma sección

últimos articulos

Los más populares

Publicidad

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img