"EL ELIXIR DE AMOR"

Superlativa opera de Donizetti

Pablo Alejandro Sulic

Lunes 21 de noviembre de 2016  

¿Puede haber mayor genialidad que crear una obra maestra como L’elisir d’amore en apenas dos semanas? Una obra que destaca la sencillez, los buenos sentimientos, el candor de las almas aldeanas y la perfidia embaucadora de quien se pretende aprovechar de esta ingenuidad.

Opera "El elixir de amor” de Gaetano Donizetti. Funciones el viernes 18 y domingo 20 de noviembre. Teatro Provincial. Copruducción: Orquesta Sinfónica de Salta y el Coro de Cámara UCASAL. Dirección Jorge Lhez. Participación especial del Ballet Folclórico de la Provincia, dirigido por Lito Luna.

Una sorprendente escritura vocal, ágil, siempre refinada y unas melodías pegadizas que destilan de manera increíble desde las voces y los instrumentos. Son tantos los que han trabajado duro en la obra que iremos por parte.

La puesta de Boris (regisseur) que estuvo pendiente absolutamente de todos los detalles, resulto colorista, divertida, ágil, clara en su exposición y muy vistosa, captando lo que podríamos denominar un optimismo vital que emana de la música de Donizetti. Lo que logra esta puesta, es que al público se le arranque varias sonrisas, tímida al principio, abierta y cómplice al final.

El maestro Jorge Lhez, siempre eficaz y pragmático, cuidando dinámicas y planos sonoros en las numerosas intervenciones de coro y solistas, demostró su oficio y solvencia acompañando adecuadamente al canto e imprimiendo un pulso y sentido narrativo idóneos.

La orquesta tiene picardía y nervio y acompaña muy bien los momentos álgidos de la obra, especialmente solos, dúos y finales de cuadros. La música ayuda, los versos de Romani (el libretista) también. Las melancólicas expresiones de amor, los apasionamientos de los enamorados, la tornan a la ópera en una comedia sentimental de tipo giocoso.

El trío protagonista, Constanza Díaz Falú , Sebastián Russo, Gustavo Gibert se desplegó con mucho mérito y el coro estuvo seguro, afinado y eficiente como contagiado del ambiente escénico.

Nemorino, está concebido para un tenor lirico, sin sobresaltos en cuanto a registro, pero complejo en su expresividad, rica y variada, para ser creible y no caer en el ridículo. En realidad debe ser el único antihéroe de toda la historia de la opera que nos despierta tierna compasión: crédulo, simplón, bonachón, sin malicia y sin gran capacidad intelectual, solo corazón. El timbre de Russo es cálido y redondeado, apropiado para la vertiente sufriente y dolorosa del joven, con muy buenos matices especialmente en los pianos y las notas sostenidas.

Adina es una soprano lírica, de gran agilidad y notable coloratura. Papel difícil si los hay por sus agudos filosos, adornos y saltos endiablados. Constanza creó un personaje vivaz, desenvuelto, voluble, utilizando de todos los recursos femeninos para conquistar lo que quiere. Su voz es bella, potente y de gran volumen. Creemos que tiene gran potencial a futuro y su papel fue convincente y de gran entrega. Creo que el gran mérito de la Adina compuesta por Costanza Diaz Falu es que supo penetrar el aroma musical de Donizetti, picaresco y resplandeciente en lo vocal como chispeante y desenvuelta en lo actoral.

El Dulcamara de Gibert, tanto por su personalidad como por su canto es un papel para un bajo bufo de buena articulación, y recursos dramáticos, un charlatán, un embaucador, que utiliza la autosugestión de los ingenuos campesinos. Su personaje fue de menor a mayor con una voz potente y de redondeada textura, que arranco admiración y sonrisas.

Belcore, en la voz potente de Garay, siempre eficaz, seguro y convincente, con secciones de notable dificultad rítmica en la suma del conjunto, cumplió en todo lo que se espera de él.

Un placer escuchar la voz bien colocada, fresca, limpia y de fácil y brillante ascenso al agudo de Josefina Viejobueno en el papel de Jeanetta.

Unas palabras para el coro que trabajo a destajo desde hace un mes, sacrificando otras actividades por amor al arte más puro. El resultado fue meritorio, con ductilidad canora y escénica sin perder un ápice en calidad musical, logrando una actuación creible, con buen volumen y mejor afinación.

Momentos destacados de la obra

JPEG - 213.7 KB
Final de la puesta en escena de la opera "El elixir de amor". (Clic para agrandar).

La cavatina de Adina: con el ritmo de vals y el acompañamiento del coro incluyo espectaculares vocalizaciones resueltas con mucha seguridad.

Cavatina de Dulcamara: es el momento de lucimiento del bajo. Una serie de palabras rimadas, joviales, divertidas, a una velocidad de vértigo, que sonaron claras, convincentes en la voz de Gibert, y el despliegue escenográfico de todos los integrantes.

El final del primer acto, uno de los cuadros en donde coro, solistas y ballet se muestran a pleno, obra coral de gran dificultad, que fue resuelta con agilidad, buen ensamble del grupo coral y sincronización de conjunto.

Donizetti sabía que no podía faltar la gran aria, y el momento es cuando el joven vuelve de la guerra, joya bel cantista que en la voz de Russo fue un momento emotivo y de alto vuelo.

La música de Donizetti retrata de manera cabal el flujo de la vida a través de una rica tonalidad de las emociones. Aunque quizá lo parezca, no es un compositor fácil de realizar, y podemos está muy tranquilos que fue muy bien tratado por todos los integrantes de este gran equipo.

Una pena que el público no acompaño como se esperaba. ¿Estará acostumbrado a que los conciertos sean gratis?, aunque los precios tampoco fueron demasiado altos.

Como subrayó el cronista Donati-Petteni cuando se refirió a la obra: “una voluptuosa sucesión de sonidos que hacen de esta ópera, surgida por una rara y feliz coincidencia, una flor única en su especie. Todo en ella es preciso, limpio y sereno, como un cielo sin nubes en una mañana de verano”.

Donizetti y su público pueden estar tranquilos, que así surgió del escenario del Teatro Provincial en la noche del viernes 18 de noviembre.

Magister Pablo Alejandro Sulic
pablo.sulic@gmail.com