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Radiohead a años luz

Martes 13 de septiembre de 2016  |  Video  

Los británicos estuvieron a la altura de un mito en el show que dieron en el Lollapalooza alemán. Cerrar los ojos o mirar al cielo, ésas fueron dos de las tres acciones más repetidas por las miles de personas que vieron a Radiohead hace poco en Belin

¿La tercera? El llanto desconsolado de los que anhelaron por años este momento y que ahora no pueden contener tanta emoción en un envase humano.

Es una experiencia movilizadora ver, sentir, apreciar y dejarse llevar por Thom Yorke, Jonny y Colin Greenwood, Ed O’Brien y Phil Selway. El primer impacto es la distancia demencial que hay entre ellos y el resto de las bandas y solistas que, durante dos días, poblaron el histórico Treptower Park del Este de Berlín, allí donde se erige un imponente monumento soviético (un soldado con un niño en brazos).

La distancia es tanto musical y estética como de actitud. Su manera de entender el arte (y de expandir el suyo) no comulga con ciertas prácticas actuales y su presencia en un festival de música y entretenimiento es similar a la que provocaría un platillo volador en la 9 de Julio. Pero lejos de repelerlos o de huir despavorido, el público se rinde, se desarma y se entrega: el fanático, el joven aún no instruido en la música de los ingleses, el que vino disfrazado para captar las cámaras de los fotógrafos...

Si Major Lazer había provocado minutos atrás una explosión dance en el escenario 2 con su batería de hits, sus obsequios al público (principalmente remeras), sus bailarinas y ese impacto que busca aturdir hasta lograr la reacción del que está del otro lado, la aparición de Radiohead en el escenario principal propició la introspección.

Aquello de que en un festival hay que salir a matar no condice con el espíritu de Yorke y sus muchachos. Tienen una nueva obra y quieren mostrarla aquí en Berlín. Y para el comienzo seleccionan cinco de los temas de A Moon Shaped Pool: "Burn the Witch", "Daydreaming", "Decks Dark", "Desert Island Disk" y "Full Stop". Sí, las primeras cinco canciones y en el mismo orden en el que figuran en el disco. Para más tarde quedarán otras tres: "Identikit", "Present Tense" y "The Numbers".

Con sólo mirar el programa del festival y constatar que el show (perdón, concierto) de Radiohead dura dos horas y veinte minutos alcanza para ser paciente, para esperar algunas de esas canciones que cimentaron la obra y el mito de una banda que siempre incomoda, que ni siquiera se molesta por saber cuál es su zona de confort. Aquel espíritu de experimentación y expansión que hizo de Pink Floyd una de las grandes bandas del siglo del rock hoy habita en estos cinco muchachos que vemos en las pantallas laterales. Fragmentadas -como por pasajes parece serlo la música de Radiohead- las pantallas nos muestran a cada uno de los protagonistas en un estado de comunión superior, en una jam que parte del registro de cada uno de sus temas para alejarse de ellos hasta lo indivisible.